martes, 31 de mayo de 2016

Santidad a Jehová

"Y no se pegará a tu mano nada del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti misericordia, y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres,"  Deuteronomio 13:17

Israel debía sojuzgar a las ciudades idólatras, y debía destruir todo el despojo de todo lo que había sido contaminado por la idolatría, como un anatema que debía ser quemado con fuego.

Ahora, el pecado, cualquiera que sea, debe ser tratado por los cristianos de la misma forma. No debemos permitir que permanezca ni un solo hábito pernicioso. Ahora es guerra a muerte con los pecados de todo tipo y tamaño, ya sean del cuerpo, de la mente o del espíritu. No consideramos que esta renuncia del mal merezca misericordia, sino que la vemos como un fruto de la gracia de Dios, que de ninguna manera nos perderíamos.

Cuando Dios nos conduce a ser inmisericordes con nuestros pecados, entonces Él tiene gran misericordia de nosotros. Cuando estamos airados con el mal, Dios no está más airado con nosotros. Cuando multiplicamos nuestros esfuerzos en contra de la iniquidad, el Señor multiplica nuestras bendiciones. El camino de la paz, del crecimiento, de la seguridad y d el gozo en Cristo Jesús, será encontrado cuando sigamos estas palabras:"No se pegará a tu mano nada del anatema."

Señor, purifícame en este día.

Compasión, prosperidad, crecimiento y gozo serán otorgados en verdad a quienes repudian el pecado con solemne determinación.

- Charles H. Spurgeon

martes, 16 de febrero de 2016

Experimentando la salvación

"No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre" Oseas 11: 9.

El Señor da a conocer así Sus pacientes misericordias. Pudiera ser que el lector se encuentre en medio de una grave desgracia, y todo amenace su pronta condenación. Que permita entonces que el texto lo saque de la desesperación. El Señor te invita ahora a considerar tus caminos, y a confesar tus pecados. Si Él fuera un hombre, desde hace mucho tiempo te habría cortado. Si fuera a actuar ahora según la manera de los hombres, sería una palabra y un golpe, y luego llegarías a tu fin: pero no es así, pues "Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos."

Juzgas correctamente que Él está enojado, pero Él no guarda Su ira para siempre: si te apartas del pecado y vienes a Jesús, Dios se apartará de su ira. Porque Dios es Dios, y no hombre, hay perdón todavía para ti, aunque estuvieras hundido hasta tu garganta en la iniquidad. Tienes a un Dios que tratar, y no a un hombre duro, y ni siquiera simplemente a un hombre justo. Ningún ser humano podría tener paciencia contigo: habrías cansado a un ángel, como has cansado a un padre afligido; pero Dios es paciente.

Ven y pruébalo de inmediato. Confiesa, cree, y regresa de tu mal camino, y serás salvo.

- Charles H. Spurgeon

lunes, 24 de agosto de 2015

Tiempo de desconectarse

"… Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco…" Marcos 6:31

Cuando nuestros hijos eran jóvenes, fuimos a visitar a mis abuelos. Donde ellos vivían, el televisor no tenía muy buena recepción, pero, para ellos, no era una cuestión muy importante. Después de ver a mi hijo manipulando el aparato durante un tiempo, me preguntó frustrado: «¿Qué se hace cuando se ve un solo canal y no te gusta lo que están transmitiendo?». «Lo apagas», dije con una sonrisa, lo cual no fue exactamente el consejo que él esperaba. Tampoco es la respuesta que se espera hoy; en especial, con tantos artefactos que nos entretienen, informan y distraen.

A veces, necesitamos apagar todo y descansar la mente un rato. Simplemente, nos hace falta «desenchufarnos». Jesús solía apartarse durante un tiempo; en especial, cuando quería dedicarse a orar (Mateo 14:13). También instaba a los discípulos a hacer lo mismo, aunque fuera solo un rato (Marcos 6:31). Esta clase de soledad y de tiempo para reflexionar es beneficioso para todos. Es entonces cuando podemos acercarnos a Dios.

Sigue la sabiduría y el ejemplo de Cristo: apártate y descansa un poco. Será bueno para tu cuerpo, mente y espíritu. 

— Cindy Hess Kasper

* Señor, ayúdame a buscar aquellas cosas que provienen de ti, de lo alto. Quiero desconectarme de todo lo que me distrae y acercarme a ti.

* Bajar el volumen de la vida te permite escuchar atentamente a Dios.

jueves, 11 de junio de 2015

Tratando con un cónyuge Pecador

El desdén nace cuando nos enfocamos en las debilidades de nuestro cónyuge. Todo cónyuge las tiene. Si quieres encontrarlas, lo harás. SI quieres enfocarte en estas, crecerán...pero tú no crecerás.

Jesús proveyó el remedio. Saca la viga de tu propio ojo antes de intentar sacar la paja de tu esposo (Mateo 7:1-5).  Si piensas “Pero mi cónyuge es el que tiene la viga,” déjame decirte un secreto: Eres precisamente el tipo de persona a quien Jesús está hablando en este texto. Eres la persona a quien quiere desafiar con estas palabras. 

Considera el tipo de personas que Jesús amaba: Judas, su traidor; la mujer en el pozo, alguien promiscua; Zaqueo, un estafador, y otros. A pesar del hecho de que Jesús era perfecto y ellos eran visiblemente pecaminosos, Jesús todavía les honraba. Lavó los pies de Judas; dio tiempo a la mujer y le habló respetuosamente; cenó con Zaqueo. Se acercó a las personas pecadoras, y nos pide que hagamos lo mismo, empezando con nuestros cónyuges.

Honra a los demás, empezando con tu cónyuge.

> Gary Thomas

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Tres Palabras

En estos últimos momentos del año que hoy termina, heme aquí, Señor, en el silencio y en recogimiento. 

Para darte: GRACIAS; 
para solicitarte: AYUDA; 
para implorarte: PERDON. 

GRACIAS 
Señor, por la paz, por la alegría, por la unión que los hombres, mis hermanos me han dado: por esos ojos que con ternura y comprensión me miraron, por esa mano oportuna que me levantó, por esos labios cuyas palabras y sonrisas me alentaron, por esos oídos que me escucharon, por ese corazón que amistad, cariño y amor me dio. 

Gracias, Señor. . . me cuesta trabajo decírtelo. . . por el insulto, por el engaño, por la injusticia, por el fallecimiento del ser querido. Tú lo sabes, Señor, cuán difícil fue aceptarlo; quizá estuve al punto de la desesperación, pero ahora me doy cuenta que todo esto me acercó más a Ti. ¡Tú sabes lo que hiciste! 

Gracias, Señor, sobre todo por la fe que me has dado en Ti y en los hombres. Por esa fe que se tambaleó pero que Tú nunca dejaste de fortalecer cuando tanta veces encorvado bajo el peso del desánimo me hizo caminar en el sendero de la verdad a pesar de la oscuridad. 

AYUDA 
Te he venido también a implorar para el año que muy pronto va a comenzar. Lo que el futuro me depara, lo desconozco, Señor, vivir en la incertidumbre, en la duda, no me gusta, me molesta, me hace sufrir. Pero sé que Tú siempre me ayudarás. Yo te puedo dar la espalda. Soy libre. Tú nunca me la darás. Eres fiel. Yo sé que contaré con tu ayuda. Tú sabes que no siempre cooperaré. Yo sé que me tenderás la mano. Tú sabes que no siempre la tomaré. 

Por eso hoy te pido que me ayudes a ayudarte, que llenes mi vida de esperanza y generosidad. No abandones la obra de tus manos, Señor. 

PERDÓN 
No podía retirarme sin pronunciar esa palabra que tantas veces te debería de haber dicho, pero que por negligencia y orgullo he callado. 

Perdón; Señor, por mis negligencias, descuidos y olvidos, por mi orgullo y vanidad, por mi necedad y capricho, por mi silencio y mi excesiva locuacidad. Perdón, Señor, por prejuzgar a mis hermanos, por mi falta de alegría y entusiasmo, por mi falta de fe y confianza en Ti, por mi cobardía y mi temor en mi compromiso. Perdón porque me han perdonado y no he sabido perdonar. Perdón por mi hipocresía y doblez, por esa apariencia que con tanto esmero cuido pero que sé en el fondo no es más que engaño a mí mismo. Perdón por esos labios que no sonrieron, por esa palabra que callé, por esa mano que no tendí, por esa mirada que desvié, por esa verdad que omití, por ese corazón que no amó. . . por ese YO que se prefirió. 

Señor, no te he dicho todo. Llena con tu amor mi silencio y cobardía. 

GRACIAS por todos los que no te dan gracias. 
AYUDA a todos los que te imploran Tu ayuda. 
PERDÓN por todos los que no te piden perdón. 

Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que si puedo y sabiduría para distinguir la diferencia. 

Me has escuchado. . . Ahora, Señor, te escucho.

viernes, 15 de agosto de 2014

LA PRINCESA BUSCA MARIDO (Jorge Bucay)

     Había una vez una princesa, que quería encontrar un esposo digno de ella, que la amase verdaderamente. Para lo cual puso una condición: elegiría marido entre todos los que fueran capaces de estar 365 días al lado del muro del palacio donde ella vivía, sin separarse ni un solo día. Se presentaron centenares, miles de pretendientes a la corona real. Pero claro al primer frío la mitad se fue, cuando empezaron los calores se fue la mitad de la otra mitad, cuando empezaron a gastarse los cojines y se terminó la comida, la mitad de la mitad de la mitad, también se fue. Habían empezado el primero de enero, cuando entró diciembre, empezaron de nuevo los fríos, y solamente quedó un joven.Todos los demás se habían ido, cansados, aburridos, pensando que ningún amor valía la pena. Solamente éste joven que había adorado a la princesa desde siempre, estaba allí, anclado en esa pared y ese muro, esperando pacientemente que pasaran los 365 días.

     La princesa que había despreciado a todos, cuando vio que este muchacho se quedaba empezó a mirarlo, pensando, que quizás ese hombre la quisiera de verdad. Lo había espiado en Octubre, había pasado frente a él en Noviembre, y en Diciembre, disfrazada de campesina le había dejado un poco de agua y un poco de comida, le había visto los ojos y se había dado cuenta de su mirada sincera. Entonces le había dicho al rey: - Padre creo que finalmente vas a tener un casamiento, y que por fin vas a tener nietos, este es el hombre que de verdad me quiere.

     El rey se había puesto contento y comenzó a prepararlo todo. La ceremonia, el banquete e incluso, le hizo saber al joven, a través de la guardia, que el primero de Enero, cuando se cumplieran los 365 días, lo esperaba en el palacio porque quería hablar con él. Todo estaba preparado, el pueblo estaba contento, todo el mundo esperaba ansiosamente el primero de Enero. El 31 de Diciembre, el día después de haber pasado las 364 noches y los 365 días allí, el joven se levantó del muro y se marchó. Fue hasta su casa y fue a ver a su madre, y ésta le dijo: - Hijo querías tanto a la princesa, estuviste allí 364 noches, 365 días y el último día te fuiste. ¿Qué pasó?, ¿No pudiste aguantar un día más? Y el hijo contestó: - ¿Sabes madre? Me enteré que me había visto, me enteré que me había elegido, me enteré que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo y, a pesar de eso, no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor, pudiendo hacerlo, no me evitó una sola noche de sufrimiento. Alguien que no es capaz de evitarte una noche de sufrimiento no merece de mi, Amor, ¿verdad madre?

     Cuando estás en una relación, y te das cuenta de que pudiendo evitarte una mínima parte de sufrimiento, el otro no lo hace es, porque todo se ha terminado.

martes, 13 de agosto de 2013

Educando a los hijos

Algo pasó con nuestra generación, la de los cuarenta. Parece que no nos gustó como nos educaron o, lo que puede ser peor, no supimos agradecer todo lo bueno que ésta tuvo. ¿Por qué? se preguntarán ustedes. Lo que pasa es que los adultos renegamos de la educación que nos dieron y decidimos cambiarla por completo. Es como si hubiéramos dicho algo así: lo pasé tan mal con mis padres estrictos, me faltaron tantas cosas cuando niño; tuve un padre tan complicado y distante que yo no quiero que mis hijos pasen por lo mismo. Por eso yo, como papá y mamá, les voy a dar todo lo que pueda, porque quiero que ellos sean felices.

Así nació una generación de padres distintos. Esto, además, apoyado por ciertas corrientes psicológicas que planteaban en forma errónea que los padres debían ser amigos de sus hijos. Esta frase tan internalizada en nuestra sociedad apunta – y lo quiero dejar claro desde ya – a que los padres deben ser cálidos e incluso ser “buena onda” con los hijos; lo que pasa es que tiene que privilegiarse el rol educador.

Yo soy papá o mamá y mi función es educar a mis hijos, y eso muchas veces es algo agotador; tengo que poner límites, tomar decisiones por ellos que muchas veces no les gustan, decir que no muchas veces al día, y mantener una consistencia educativa que traspase mis palabras, que esté amparada en los hechos.

Gran parte de los problemas que tienen nuestros hijos hoy, como la escasa motivación por los estudios, la baja tolerancia a la frustración, la impaciencia y esta “lata” generalizada, con una sensación de soledad inmensa, se debe a que a los padres se nos olvidó ser autoridad. Nosotros somos los que mandamos en la casa, nos guste o no; nosotros decidimos qué se come o no se come, por lo menos la mayoría de las veces; nosotros decidimos si nuestros hijos van o no a ver a sus abuelos, porque si no, ellos no lo van a hacer por su propia voluntad y, por lo tanto, van a crecer sin historia y sin valorar la experiencia.

Me toca ver con horror cómo los papás han ido perdiendo el control sobre los hijos, y dicen frases como: No sé que hacer con mi hija, y cuando le pregunto la edad, me entero de que tienen dos años y medio; yo no sé lo que pretenden hacer cuando la niña tenga quince años. También es frecuente escuchar a padres que les dicen a los profesores: Dígale usted que se corte el pelo, porque a mí no me va a hacer caso. O dicen: ¿Cómo lo obligo a hacer esto o aquello si no tiene ganas?

La razón de todo este modo de funcionamiento se debe a un sin número de factores, entre los más importante están: la tendencia generalizada a evitar cualquier tipo de conflictos. Con tal de no verle la cara larga a nuestro hijo somos capaces de hacer lo que él quiere. Evitamos los conflictos todo el día, según nosotros porque tenemos muchos problemas por fuera de nuestras casas como para tener que sufrirlos adentro de ellas y, por lo mismo, transamos en lo único en lo que no debiéramos hacerlo: la educación de nuestros hijos.

Otra variable importante es nuestra eterna búsqueda del placer y, por lo tanto, la evitación del dolor. Esto es curioso porque seguramente usted que está leyendo esto, no ha aprendido nada de la vida, por lo menos de lo importante, sino a través del dolor. Y, sin embargo, queremos que nuestros hijos aprendan de otra forma, cuando en el fondo de nosotros sabemos que no se puede.

Otro factor es el supuesto poco tiempo que pasamos con nuestros hijos. Digo supuesto porque, en realidad, si un papá tiene una hora para ver las noticias, tiene en realidad una hora para estar con sus hijos, lo que pasa es que prefirió ver las noticias. Si una mamá tiene una hora para ver las telenovelas, tiene una hora para estar con sus hijos. Al final, es un tema de prioridades.

Pensemos, si somos bien honestos, que los microondas nos iban a servir para estar con los que más queríamos, y eso no ha ocurrido; las autopistas nos debían permitir estar más temprano en nuestras casas, y al final salimos más tarde porque sabemos que vamos a demorar menos. Así, nos seguimos mintiendo; nos quedó cómodo que los niños aparentemente estén “entretenidos” con la tecnología; parece que nadie pelea en la casa y que nos llevamos todos bien, pero, por favor, pensemos en cuanto tiempo real estamos con ellos para ejercer nuestra autoridad y poder educarnos como debemos.

Una última variable en este fenómeno de no poder ser autoridad pasa por el concepto de felicidad, donde indudablemente ha ido cambiando por el de “tener”. Es como entender que la felicidad se compra y, por lo tanto, como nos sentimos culpables de dejar a nuestros hijos solos, los hemos ido llenando de cosas que, por supuesto, no nos han hecho más felices. Esto los ha transformado en niños malagradecidos, insatisfechos, reclamones, y con la sensación de que la vida no debe ser así.

Las consecuencias de ser “papá – amigo”

El tema de ser padres-amigos de nuestros hijos tiene muchas aristas, algunas son sociológicas, como las que de alguna manera explicaba antes, pero también tiene que ver con lo sensibles que somos los adultos de hoy al rechazo de nuestros hijos. No queremos verles la cara larga, que nos digan que somos anticuados, distintos a los padres de sus compañeros, que somos “mala onda”. En realidad, queremos ser papá buena onda, aparecer como evolucionados y esto nos hace ser tremendamente ambiguos en nuestra forma de educar; nos cuesta decir que no. Nos vamos en tantas explicaciones, somos los reyes de los “depende”, con lo que metemos a los niños en una red de inseguridades que les impide conocer qué es correcto y qué no, y todo parece permitido.

Las consecuencias de ser papás-amigos son muchas: los niños no tienen un referente distinto de sus amigos para educarse, desarrollan una pésima tolerancia a la frustración porque los padres no les dicen que no, y si lo hacen, cambian fácilmente con ciertas manipulaciones. Los hijos se transforman en manipuladores porque ya saben que pueden hacer lo que quieran, todo está en cómo lo pidan. Al final, los adolescentes se siente solos y poco seguros porque en un principio es entretenido tener papás así, pero con el tiempo ellos empiezan a sentir que necesitan de alguien que los guíe porque si no, se mueren de angustia.

Los niños, en su desarrollo sano, necesitan límites, disciplina y conductas fijadas por los padres, que mezclado con afecto: es la fórmula para una buena educación.

Ternura y disciplina parece ser la clave. Más aún, es importante que se tenga claro que mientras más claro es un padre o una madre en su forma de educar, más expresiva y libre para amarlo está, porque si no es así, la rabia como sentimiento encubridor deteriora la calidad del vínculo.

En general, de acuerdo con mi experiencia, me topo frecuentemente con estos papás amigos que no saben cómo salir del embrollo en que se metieron un poco por su visión cortoplacista de “total ya van a crecer”, “son niños”, “le ponen mucho color”, etc., y cuando quieren poner límites cuando son más grandes, es demasiado tarde.

Los papás de los más grandes, los adolescentes, están muy angustiados. Muchos perdieron la batalla, están con la sensación de que ojalá “no se hayan equivocado mucho”, sintiendo que ya no saben que hacer con sus hijos.

Existe otro porcentaje de papás que, aunque me duela decirlo, no está presentes para educar a sus hijos; esos que contratan radiotaxis los fines de semana por la lata de tener que ir a buscarlos. Esos niños que están literalmente “a la que te criaste”, sin ninguna norma. Y estos padres cometen la equivocación de decir que confían en sus hijos y por eso no les ponen límites. También existen, los que están tratando de ser amigos con sus hijos y les dicen a todo que está bien. ¿Cómo no les van a comprar celular si todos tienen? Capaz que el hijo se traume, sin entender que le están diciendo que vale desde que lo tiene y no antes.

Papás que les dan permiso para todo, que fuman con los hijos, que toman con ellos para que “aprendan”, que les financian los piercing y la ropa más rara que les piden. Papás que les permiten a sus hijos por miedo al rechazo, que reciban amigos en sus recámaras, entendiendo que ellos necesitan “privacidad” y no son capaces de decir que para eso está el living y no las camas.

Estos papás-amigos no colocan límites, pero tampoco dan mucho cariño, no abrazan porque van a ser rechazados, no dicen “te quiero” por temor al ridículo y, por lo tanto, tampoco son consistentes en la forma de educar.

Por supuesto que existen los que lo están haciendo bien, que ponen límites, que retan cuando hay que retar, que cumplen los castigos y también lo bueno, que entregan afectos, que tocan, que besan, aunque los adolescentes los rechacen, ya que entienden que eso es una pose y que no quiere decir que no lo necesiten. Son papás que entran a las piezas de sus hijos aun cuando la puerta esté cerrada, que dicen “te quiero”, pero con la misma claridad son capaces de decir que no, aunque esto implique tener al “niño” o la “niña” con cara larga varios días. Quizás es porque entienden que la educación es una siembra diaria, en la que la cosecha no se ve de inmediato, y que, por lo tanto, hay que preocuparse día a día.

Estos papás probablemente lo están pasando peor que los otros hoy, pero yo les quiero decir que no se cansen, que los padres no nos podemos cansar, que no podemos renunciar a la tarea maravillosa de hacer de un niño una persona, que esa es nuestra tarea y no de los colegios, y que cuando se asume como tal es el regalo más maravilloso al que podemos postular.

Nuestros hijos necesitan con urgencia que los eduquemos en responsabilidad; ellos deben tener conciencia de sus deberes y no sólo de sus derechos, tienen que colaborar en los ritos familiares y en las cosas de la casa en general. Debemos reenseñarles el concepto de libertad, ya que claramente no es hacer lo que ellos quieren, sino vencerse a sí mismos. Para poder ser realmente libres ellos deben vencer la “lata”, el mal genio y las no ganas de hablar, pero para que esto se dé, los adultos debemos dar ejemplo, cosa que no estamos haciendo.

Por último, debemos educar a nuestros hijos en la fuerza de voluntad y la perseverancia, porque nada en la vida se logra sin esfuerzo y esta generación funciona con la menor energía posible.

Les quiero transmitir que nuestros hijos no se van a traumar si les decimos que no, que no se dañan si uno les castiga por una razón educativa y que necesitan que uno como padre cumpla con lo que les dice. Se necesitan padres que establezcan, en la calidez de la relación, límites claros para que nuestros hijos crezcan y se transformen en emprendedores del futuro.